Angela Merkel versus Marine Le Pen

Por Yolanda Morín | Publicado en MadridCode.com


Angela Merkel y Marine Le Pen: dos mujeres en la alta política, símbolos y representantes de corrientes muy alejadas la una de la otra. Una ya gobierna, la otra aspira a hacerlo. La cuota de popularidad de la primera está cayendo, la de la segunda va subiendo. Pero las diferencias no acaban aquí.

Las próximas elecciones francesas serán sin duda las más importantes de los tiempos modernos de esa nación. Se juega aquí algo más que un simple cambio de gobierno, un nuevo rumbo económico o una bajada de impuestos. Está en juego lo fundamental: la supervivencia de Francia, la preservación de su cultura, la continuidad de su identidad, su misma existencia como realidad histórica, cultural y civilizacional. Y este dilema, ante el cual deberán pronunciarse los franceses, se presenta en un contexto en que planea la sombra de la guerra civil étnica, el caos y la destrucción en el futuro inmediato de ese país.

Marine Le Pen quiere poner freno a la entrada masiva de inmigrantes, en su mayoría musulmanes. Angela Merkel ha invitado a millones de “refugiados”, casi siempre provenientes del mundo islámico, que están causando infinidad de problemas en Alemania y generando una explosión de delincuencia y criminalidad sin precedentes.

Nada puede ser tan enemigo de la mujer como la importación de una cultura que oprime y pone en peligro a las mujeres. Eso es lo que vienen haciendo los dirigentes inmigracionistas europeos desde hace décadas y lo que ha acelerado enérgicamente la canciller alemana en los últimos meses, no sólo en Alemania, sino en todo el continente. Desde que empezó la irrupción masiva de “refugiados” el año pasado, miles de mujeres, en Alemania y en otros países del entorno han sufrido agresiones sexuales y violaciones a mano de los invitados y protegidos de Angela Merkel.

Angela Merkel es un peligro para las mujeres alemanas y europeas. La cancilller germana está empeñada en hacer de su país una nueva Arabia. Por su lado Marine Le Pen quiere evitar a toda costa que el islam eche raíces profundas en su país y lo haga retroceder 2000 años atrás. Mientras que Angela Merkel declara que nada la hará cambiar de política en lo concerniente a los “refugiados”, y en consecuencia a la islamización de Alemania, Marine Le Pen se erige en el baluarte de la preferencia nacional y la defensa a ultranza de la identidad francesa.

Miremos en dirección a Suecia, laboratorio a cielo abierto de todas las aberraciones de la corrección política y la des-civilización de una nación europea. Este país se ha convertido en la capital mundial de las violaciones. Es la consecuencia inevitable de la irrupción masiva y salvaje del islamismo en una sociedad mal gobernada y regida por principios incompatibles con una vida nacional sana, ordenada y civilizada. Noruega padece la misma plaga, pronto Alemania, Francia, y el resto de estas desdichadas naciones correrán la misma suerte.

En esta Europa erigida sobre la base del engaño y la hipocresía, la declamación de valores corre pareja con su transgresión sistemática. Nuestros medios nos endilgan a diario su machacona y a menudo agresiva propaganda sobre los derechos de la mujer, mientras que en realidad nunca como hoy estos derechos se han encontrado menos defendidos y más amenazados. Si realmente nos importan los abusos machistas y los delitos sexuales, ¿a qué viene ese emperramiento por llenar nuestros países de una cultura que hará que pronto el 50% de la población europea viva en el miedo físico y en la angustia moral de verse considerada inferior y sufrir un estatus subalterno a perpetuidad? ¿Por qué nuestras élites están obstinadas en abrir de par en par las fronteras de Europa a esa cultura que asimila los crímenes sexuales contra las mujeres (e incluso los niños de ambos sexos) a un derecho natural (y sobre todo coránico) del hombre sobre la mujer? ¿A qué viene que dirigentes como Angela Merkel quieran implantar a toda costa esa cosmovisión degradante que considera a la mujer como una propiedad del hombre, una cultura que dice que la mujer puede ser castigada físicamente, apaleada, violada, una cultura que predica el repudio sin derechos de la mujer, una cultura que acepta las mutilaciones genitales de la mujeres? ¿Hay algo más enemigo de la mujer que esa empresa de facilitar la entrada y la instalación de una civilización de naturaleza tan retrógrada y bárbara?

Pues eso es lo que está haciendo Angela Merkel y que Marine Le Pen quiere impedir. Pero claro, la primera es una demócrata y la segunda es una fascista. Mientras sigamos aceptando esta falsificada versión de las cosas, estaremos condenados a seguir quejándonos sin acertar a encontrar el posible remedio a nuestros males.

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