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El tercer debate que enfrentaba a Donald Trump y Hillary Clinton comenzó como se esperaba: sin saludos y con una enorme tensión que inmediatamente salió a la luz al comenzar a debatir sobre la justicia americana y la defensa de la Segunda Enmienda. Trump abiertamente a favor del derecho constitucional a portar armas y Clinton estableciendo límites a los derechos constitucionales de los ciudadanos americanos.

Por primera vez en estos debates se habló del aborto. Mientras Trump se ha definido claramente como pro vida, Clinton se mostró favorable al aborto, incluso de producirse en los últimos días del embarazo.

En inmigración… nada nuevo: mientras Trump se reafirma en la construcción del muro en la frontera sur de Estados Unidos para evitar la entrada indiscriminada de narcos y delincuentes, Hillay aboga por la amnistía a los 15 millones de ilegales que hay en EE.UU a los que bajo su mandato, de ser ganadora, dará la ciudadanía.

También se habló de las denuncias de Trump sobre un posible amaño de los resultados electorales, ya que en la actualidad hay “millones de ilegales que han sido inscritos y podrán votar”, siendo eso ilegal. En ese momento, ante la pregunta del moderador sobre si aceptaría los resultados electorales, Trump afirmó: “Veré en su momento si acepto el resultado”. La denuncia surge de un vídeo realizado con cámara oculta a uno de los responsables del Partido Demócrata. En ese vídeo se habla de amaño de votos y cómo lo están haciendo. Desde hace un par de días el asunto ocupa portadas en los periódicos americanos.

El debate no aporta nada nuevo a la situación de campaña. De hecho, el debate acabó en un empate técnico, exactamente el mismo que muestran varias encuestas publicadas estos días.

¿Quién ganará estas elecciones? Es difícil pronosticar un posible resultado, sobre todo teniendo en cuenta que el sistema electoral americano es muy complejo y que unos pocos miles de votos pueden decidir el nombre del próximo “líder del mundo libre”. 
Lo más relevante a destacar del sistema electoral americano es que los votantes no eligen directamente al Presidente: el que logra más votos no tiene por qué ganar las elecciones. Los votantes no eligen directamente al presidente, sino a los electores, que luego se reúnen en el colegio electoral y eligen al presidente. Esto significa que no necesariamente quien obtiene más votos gana, sino quien obtiene más electores. 

Los electores se consiguen por el principio “winner-takes-all”, “el ganador coge todo”. En Estados Unidos la elección a presidente es indirecta, a través del Colegio Electoral. Cada Estado cuenta con cierto número de electores que aporta al Colegio Electoral, que finalmente elige al presidente. Estados muy poblados cuentan con muchos electores; por ejemplo, California aporta 55, mientras que Estados menos poblados aportan muchos menos: Alaska aporta sólo 3. Cuando se realizan las elecciones, el candidato que gana en un Estado se queda con todos los electores, y el perdedor ninguno. Es decir que no hay una relación proporcional entre la cantidad de votos logrados y la cantidad de electores obtenidos. El ganador puede haber sacado el 51 % y el perdedor el 49 %; sin embargo el ganador, por ejemplo, en California, se queda los 55 electores, y el perdedor ninguno. Situación que necesariamente provoca una falta de representatividad de las minorías electorales.

Así pues, dada la falta de proporcionalidad en el sistema de elección de los electores, puede efectivamente suceder que el candidato que haya obtenido menos votos, el que haya salido segundo, efectivamente ganara las elecciones. Esto fue exactamente lo sucedido con George W. Bush, que fue presidente habiendo sido segundo en cantidad de votos. Bush obtuvo 500.000 votos menos que su contrincante Al Gore, pero consiguió 5 electores más.

Lo sabremos en breve, en tres semanas..

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