Podemos: ¿el partido de la gente o de la gentuza?


Por Yolanda Couceiro Morín | Publicado originalmente en MadridCode.Com

El inesperado fallecimiento de la ex alcaldesa de Valencia, ha dejado de nuevo en evidencia la infame catadura moral de los miembros de la formación morada. Una vez más hemos asistido, proveniente de las filas podemitas, a un despliegue de agresiva zafiedad que va mucho mas allá de los límites legítimos de la lucha política, que no tiene por qué ser un cumpleaños de señoritas. Pero hay formas que en nombre de la corrección y la cortesía es conveniente guardar, y hay lindes que la elemental decencia y humanidad prohíben traspasar.

El homo podemitus es un auténtico cafre, un salvaje inadaptado al mundo en el que le ha tocado vivir, un tosco mamífero bípedo de pulgar oponible incapaz de elevarse de la misera condición que evidencia a diario. Esta gente destila un odio y una mala sangre que asustan. Parecen verdaderos psicópatas. Toda una generación envenenada de rabia y de rencor se ha dado cita en este partido. Es que no hay uno como Dios manda. Todos parecen afectados de un furor irracional, de una ferocidad impropia de seres humanos comunes y normales.

Está claro que no se pueden pedir peras al olmo. Ese odio absurdo que destilan estos frenéticos se alimenta de las aberraciones mentales que surgen de estar instalados en una perpetua inversión de valores, en el mundo del revés. Hace poco el líder máximo y gran timonel de la revolución bolivariana de las tierras ibéricas decía, ante luz y taquígrafos: “Otegi es un gran político y un artífice de la paz”.

Después de sesudas cavilaciones y una noche en vela, he logrado por fin desentrañar el sentido de tan enigmáticas palabras. Lo que viene a decir Pablo Iglesias es que el mentado es ni más ni menos que la síntesis perfecta entre Churchill y el Dalái-Lama, o entre De Gaulle y Gandhi, o entre Kennedy y la Madre Teresa de Calcuta. O algo así. Después de confundir el Parlamento español con El Club de la Comedia y Operación Triunfo, o un casting de Gran Hermano, ahora esto. Del histrionismo de cabaret y telebasura a la literatura fantástica, el nuevo macho alfa de la hispánica progresía no desdeña ningún género.

Dice un personaje de un cuento de García Márquez (o dice García Márquez a través de un personaje suyo): “Una cosa es ser Piscis con ascendente Piscis y otra cosa es ser pendejo”.

La literatura y el refranero van a menudo de la mano. Afirma la sabiduría popular que “No hay cabrón sin su pendejo”. Pues parece que en la pareja de hecho Otegi/Iglesias, el primero ya ha a encontrado a su segundo. Sólo falta que se reproduzcan. Inquietante, si pensamos que además de “El Coletas”, tenemos “El Gafas”, “El Chepas”, “El Cejas” y un sinnúmero de ejemplares menores del mismo género, todos con aparente capacidad reproductiva. Son legión, cómo dice la Biblia. ¡Que los dioses nos cojan confesados!

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