Por Yolanda Couceiro Morin | Publicado originalmente en RamblaLibre

Las feministas de extrema izquierda, siempre en vanguardia a la hora de arremeter contra el “sexismo de los hombres“, se mantienen hipócritamente silenciosas ante los ataques sexuales cometidos por inmigrantes y “refugiados“, escamoteando el origen racial y cultural de estos criminales.

Las agresiones sexuales de Colonia hubiera tenido que movilizar al feminismo militante, pero este episodio ha puesto en evidencia la hipocresía de estas organizaciones, que se han negado a discutir abiertamente del tema, y han optado por tergiversar y echar tierra encima para olvidar pronto esta historia. El millar de violaciones denunciadas en esa ocasión hubieran sido un poderoso argumento para la lucha contra ese flagelo. Pero no, se ha preferido mirar hacia otro lado, e incluso culpar a las víctimas. La misma alcaldesa de Colonia llegó a decir que las mujeres deberían adoptar “un código de conducta adecuado para evitar futuros ataques“. Difícilmente se puede caer más bajo en la indignidad. Esta viciosa inversión de roles y valores es la marca de la corrupción moral y la degeneración mental de esta sociedad. Culpar a la víctima de la agresión sufrida es la opción más enferma, cobarde y abyecta que podamos imaginar.


Este siniestro episodio, pronto seguido por otros de similar naturaleza y distinto calibre, a lo largo y ancho de toda Europa, dejó de ser portada de los medios de comunicación a los pocos días de suceder. Los círculos feministas han sido los primeros en “pasar página“, y dedicarse a otra cosa, como por ejemplo, perseverar en su ofensiva contra el “machismo heteropatriarcal opresor“, obviamente representado en el objeto de todas sus neuras y obsesiones: el hombre blanco heterosexual, culpable de todos los males y agresiones, reales o imaginarios, que sufrimos las mujeres y la condición femenina.

Su odio al hombre blanco sólo encuentra parangón en su desprecio a la mujer blanca. Porque si el silencio culpable acerca de esta historia está motivado por la raza de los criminales, también es cierto que la raza de las víctimas se ha sumado a esa voluntad de silencio. Si las víctimas hubieran sido de raza no blanca, entonces seguro que éstas se hubieran beneficiado de otro tratamiento por parte de estas feministas. Y no digamos, si además los agresores hubieran sido de raza blanca. Hubiera sido la situación ideal, un sueño hecho realidad: el climax.

Está claro que los agresores eran de origen “árabe o norafricano“, como se desprende de los testimonios de la inmensa mayoría de las víctimas. Ese detalle, y la seguridad que de algunos de esos criminales hubieran entrado entre el millón y medio de “refugiados” que ese mismo año acogió Alemania, ha sido suficiente como para que las feministas consideraran que el tema era demasido polémico como para tocarlo.

Aun así, hubo algunas manifestaciones, no muy numerosas, contra esos ataques sexuales masivos, pero para culpar a los hombres en general e ignorando deliberadamente el hecho de que los violadores eran inmigrantes y “refugiados” musulmanes, es decir hombres no blancos, extranjeros no europeos, algunos o muchos de los cuales habían entrado en Alemania en el marco de la invasión permitida y promovida por Ángela Merkel.

Esa mentalidad de culpar a los hombres, pero sin mencionar la raza, se encuentra en el centro de las declaraciones ridículas e insultantes de la alcaldesa de Colonia cuando dijo que las mujeres alemanas deberían mantenerse a la “distancia de un brazo” de los hombres. O sea: “!Cuidado con los hombres, con todos los hombres! !Todos son peligrosos por igual, todos son potencialmente unos violadores!”. También hubo pocos días después una manifestación de centenares de feministas ante la catedral de Colonia.

La manifestación exigía “más respeto para las mujeres” y las participantes llevaban pancartas donde se decía que estaban en contra del “sexismo y del racismo” [1]

La eminente “artista desnuda” feminista Milo Moiré (conocida por su “arte” nuevo y transgresor: su especialidad es soltar huevos rellenos de pintura por su vagina) se manifestó enteramente desnuda delante de la catedral para pedir que las mujeres sean respetadas “aunque estén desnudas“. Estamos seguros que de haber realizado su performance en otro tipo de barrio o ante una mezquita, o la misma noche de fin de año en la cual tuvieron lugar un millar de violaciones, hubiera comprobado el éxito de su petición de ser respetada aun yendo desnuda. [2]

Si un grupo de unos mil hombres blancos hubieran cometido masivamente agresiones sexuales contra mujeres no blancas en cualquier ciudad del mundo (no ha ocurrido ni ocurrirá), podemos estar seguros de que las feministas y las “artistas” como Milo Moiré no hubieran desdeñado esa circunstancia y habrían aullado como fieras, condenado tanto el racismo como el sexismo de esos ataques.

Otro ejemplo de la locura feminista. Alguna conspicua miembro (perdón: miembra) del movimiento ha sugerido la necesidad de un “toque de queda para los hombres“. Ni más ni menos. Esto forma parte también de una estrategia para culpabilizar a los hombres en general (sobre todo apuntando a los blancos) por los crímenes de unos cuantos (sobre todo no blancos, musulmanes muchos de ellos). Se trata de escamotear el aspecto racial y cultural del fenómeno haciendo extensiva la culpa de unos crímenes sexuales a todos los hombres por el hecho de serlo. Es decir, que pronto podemos ver a la Policía detener hombres en las calles entre las horas X de la noche y la madrugada por haber transgredido el sugerido toque de queda. La propuesta no se acaba aquí: pasado un tiempo de prueba, los hombres podrían volver a salir después de la puesta del sol. Pero si las agresiones y el acoso sexual volvieran a producirse, entonces se retornaría al toque de queda. Por supuesto no se le ocurriría plantear una discriminación en los sujetos que debieran preferentemente observar ese toque de queda, ya que el aspecto racial y cultural de los potenciales violadores no es tenido en cuenta.

Hay un completo rechazo a mencionar la raza y la cultura como factores primarios en todos los esquemas de comportamiento sociales. La Historia, la psicología, las relaciones sociales, el tipo de sociedad, provienen en gran medida de las características raciales de la población que la crea. Nada de esto significa que esta gente no tengan ninguna consciencia del hecho racial, pero ésta no les alcanza más que para ser anti-blancos. Porque en definitiva, el feminismo no es más que una operación psicológica contra el hombre blanco, pero también contra la mujer blanca. El feminismo no tiene otro objetivo que el de dividir a las poblaciones blancas para aniquilarlas, enfrentando a los hombres y las mujeres blancas para que se destruyan mutuamente y se agoten hasta la extenuación para mejor dominarlos y esclavizarlos.

El feminismo y la invasión migratoria son aliados objetivos en el plan de destrucción de Europa y de extermino de sus pobladores autóctonos.


[1] https://klassegegenklasse.org/dateien/mehrere-hundert-frauen-und.jpg
[2] https://cdn-images-1.medium.com/max/800/1*dSfG54r1B2GaapvT285RPA.png


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