La Bescansa no descansa


Por Yolanda Couceiro Morín | Publicado originalmente en La Tribuna del País Vasco |

Con ocasión de las pasadas elecciones, que dieron un gobierno a España después de casi un año de idas y venidas, los grandes derrotados de esos comicios, Podemos y asimilados, frustrados y rabiosos como niños chicos ante un capricho no concedido, arreciaron en lo que es su imagen de fábrica: los exabruptos de la incontinencia oral que caracteriza a los miembros y miembras de este esperpéntico elenco, cuya vocación está más cerca del Club de la Comedia que del foro político.

Desde esa fatídica fecha en se se fueron a tomar viento (por decirlo de manera educada) sus esperanzas de llegar a La Moncloa (y convertirla en un fumadero de marihuana y una asamblea universitaria permanente), los podemitas han analizado en numerosas ocasiones las causas de sus malos resultados y han dado con el remedio al desatino intolerable de esta sociedad que les niega lo que se merecen: el poder, ni más ni menos. Las fuerzas del progreso y la liberación tienen un serio problema: una legión de viejos reaccionarios, millones de carcamales jubilados con derecho a voto. La franja senil de la población española es el mayor obstáculo a la victoria de nuestros izquierdistas bolivarianos. Una pena.

Los insuficientes resultados obtenidos abrieron las compuertas del soez torrente verbal y la vocación exterminadora de esta gente contra esos "viejos de mierda que votan mal" y de los que no se espera otra cosa que su desaparición, natural o mejor aún, forzada.

Es ya un clásico. Esa costumbre de descalificar con los peores insultos a los votantes del partido contrario la inauguró, en tiempos modernos, una tal Maruja Torres cuando, en su habitual columna del diario “El País” de entonces, trató con todas la letras a los votantes del PP de "hijos de puta". Los malos resultados electorales de los suyos le provocaron un furioso ataque de rabia, que buscó desahogo en el escupitajo de una injuria tabernaria. La izquierda española tiene un mal perder. En esta ocasión "La sonrisa del país" (el lema de la campaña de Podemos) se convirtió en un rictus de odio. Para pasar de la cursilería a la mala leche, sólo necesitaron un recuento de votos. Se habían hecho ilusiones, claro.

Del coro de voces coléricas desatadas por tamaño revés, destacamos la perla de la ciudadana Carolina Bescansa, diputada nacional, que sin llegar a los extremos escatológicos habituales de su correligionarios, se alivió en su día con una frase merecedora del mármol y del bronce: "Si en este país sólo votase la gente menor de 45 años, Pablo Iglesias ya sería presidente del Gobierno".

No vamos a discutir la justeza de este enjundioso análisis, pero nos atrevemos a corregir a su autora. La sentencia completa hubiera sido: "Si en este país sólo votase la gente menor de 45 años, Pablo Iglesias ya sería presidente del Gobierno. Y si sólo votasen los menores de 18 años, el presidente del gobierno sería Pikachu".

Para memoria: esta tal Bescansa hizo su presentación en sociedad con el gesto muy mediatizado de darle la teta al tardío fruto de sus entrañas en el Parlamento, como si fuera una zíngara bajo un puente. Eso para usar una imagen muy de la literatura costumbrista de otras épocas, ya mal vista en estos tiempos de inquisidora corrección política. Hubiera podido darle un biberón de leche Puleva con toda su nata (y una mosca) en la tranquilidad de su casa, pero estas antipáticas y reivindicativas podemitas tienen la comezón de despechugarse en todo lugar y circunstancia y por las razones más peregrinas, tanto en una sacristía como en un hemiciclo (menos en las playas, donde abogan ahora por el burkini: para coherencia, la de estas feministas).

En todo caso, la estrella mediática de la susodicha suele estar algo opacada por los continuos chispazos de ingenio del resto de su peña. Pero nuestra diputada primipara no renuncia a su cuota de protagonismo, ya que ella bien lo vale. Así que de vez en cuando tiene que hacer algo para chupar cámara, aunque sea un poco, y recordarnos que sigue viva y es capaz de ocurrencias dignas de cualquier Carmena, Colau y otras energúmenas del mismo ramo de brujas seniles y/o histéricas. La Bescansa no descansa.

En esta ocasión ha vuelto a insistir en un tema que parece realmente obsesionar a esta gente. Y es el comportamiento electoral de las franjas de más edad en favor del autodenomidado centro-derecha constitucionalista. Señalemos el detalle, que no carece de gracia, de que la señora Bescansa ya tiene los 45 años cumplidos, límite para poder votar con sentido y corrección, según dice ella misma. O sea, que si se aplicara la hipotética restricción al voto a partir de esa edad fatídica para el progreso que necesita España, su partido y su líder Pablo Iglesias contarían con un voto menos. A lo mejor a partir de ahora vota a la derecha: tiene la edad adecuada para ser facha. Quién sabe si la duda no ha echo nido en su fuero interno y ha sentido ya el vértigo de la tentación de cambiar la coleta de Pablito por las barbas de Mariano.

Pero esto es simple anécdota. La insistencia en este tema carece de sentido ya que es altamente improbable (por no decir imposible) que se acordara algún día, dentro del sistema actual, este tipo de limitación al derecho de voto. Y si no, ya que tiene un escaño en el Congreso de los Diputados, que haga la prueba de presentar un proyecto de ley para modificar la normativa electoral en el sentido indicado.

Estas declaraciones sólo traducen la profunda frustración ante una realidad que no pueden cambiar, frustración que busca su desahogo en la verbalización de los despropósitos que subyacen en ese tipo de comentarios repetidos. Porque la señora Bescansa y sus acólitos deberían ir al final de su pensamiento, y proponer en voz alta lo que sin duda les ronda el magín a no pocos de ellos, o sea las medidas oportunas para remediar tan lamentable situación, como lo hacen esos progres de calimocho que conforman el grueso de la masa electoral de Podemos en las redes sociales, donde se expresan sin tapujos ni mojigaterías al respecto y proponen, sueltos de cuerpo, soluciones cuanto menos radicales (y casi siempre al margen de la legalidad vigente, por decirlo suavemente) al problema de los votantes mayores "que votan mal", auténtica plaga para el triunfo de las ideas progresistas en este país. Las plagas hay que tratarlas en consecuencia, ya se sabe, y estos izquierdistas tienen un largo historial en prácticas exterminatorias.

Esa frustración es entendible, más cuando vemos que el problema está destinado a ir a peor, debido a la curva demográfica ascendente de las franjas de mayor edad en España. Dicho en cristiano: en las próximas décadas habrá cada vez más viejos, la proporción de personas mayores en el conjunto de la población va en aumento, sin que la tendencia vaya a revertirse antes de mucho. O sea, si son los viejos los que le niegan la poltrona del poder a Pablo Iglesias, y los de su cuerda que vendrán después de él, esa situación no lleva visos de cambiar.

Decía un filósofo amigo de la paradoja y la provocación que "quién no muere joven, merece la muerte". La Bescansa, según su propia visión de las cosas de la edad, ya entra dentro de esa original propuesta. Pero a lo mejor ella, a pesar de sus años de calendario, es joven de corazón, y la tersura y lozanía de su ánimo no guarda relación con sus dignas arrugas de maruja cuarentona, a pesar de sus juveniles ínfulas de revolucionaria del tercer milenio. ¿Será Podemos la fuente de la eterna juventud? Vista la sorprendente pinta de adolescentes, niñatos, lechuginos, prematuros, mocosuelos e imberbes que tiene la mayoría de los ejemplares de esta tropa, no nos extrañaría.

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