Por Yolanda Couceiro Morin | Publicado originalmente en RamblaLibre

Geert Wilders, fundador del holandés Partido por la Libertad (PVV en sus siglas en holandés) desata tantas pasiones como polémicas con sus ideas y declaraciones. Amenazado desde que produjo la película Fitna en 2008, y condenado tanto por musulmanes como por sus infaltables compañeros de ruta y demás tontos útiles locales, el reto de Wilders para las elecciones de su país (próximo 15 de marzo) es reunir en torno a su candidatura a todos los holandeses descontentos con la islamización que amenaza la identidad nacional y está llevando al país a la pérdida de libertades, y cumplir la única promesa que ha hecho. Y es ésta: “No voy a hacer ninguna promesa detallada, excepto una: haremos que los Países Bajos sean nuestros de nuevo, cerraremos las fronteras y todo el dinero que damos a los países extranjeros -África, Bruselas, Grecia, o a los solicitantes de asilo- se quedará aquí. Esa es la confianza que le pido a mi pueblo”.

Los demás partidos ningunean al PVV, negando cualquier tipo de negociación para incluirle en el gobierno en caso de un resultado favorable en las elecciones, algo probable a tenor de las encuestas preelectorales. Wilders lo sabe, y afirma que la gente se acabará cansando y es posible que haya revueltas en las calles, de las que se desmarca. Sus opositores politicos le acusan de xenofobia, racismo y todo lo demás… En diciembre pasado fue condenado por “incitación a la discriminación”. Las declaraciones que le llevaron a ese juicio fueron contundentes: “Holanda tiene un problema y se llama ‘marroquíes’“.

En una reunión con sus seguidores en La Haya en 2014 les formuló a estos una pregunta: “¿Queréis más o menos marroquíes en Holanda?” Ante la respuesta masiva del publico de “¡Menos, menos!”, Wilders les aseguró: “Yo me encargaré de ello“. Más de 6.400 personas, ciudadanos holandeses y marroquíes, llevaron el caso ante la justicia, alegando incluso trauma psicológicos. Pero Wilders insiste: si no se cierran las puertas a la invasión musulmana, no habrá holandeses a finales de siglo.

En sus palabras se ven reflejados sus miles de votantes, que se oponen a la islamización y temen la pérdida de sus libertades y derechos. El discurso de Wilders, partidario de cerrar fronteras, choca frontalmente con el Sistema mundialista que se nos imponen las élites gobernantes. Y es muy difícil que un partido no adscrito al discurso políticamente correcto pueda llegar al poder o que le dejen gobernar en caso de conseguirlo.

En cualquier caso, el ambiente electoral está bastante caldeado en Holanda tras la victoria de Trump en EEUU y las encuestas favorables a Marine Le Pen en Francia. Los medios, muchas veces manipuladores a favor del Sistema, afirman que “la ultraderecha xenófoba está en alza“. Cabe preguntarse ¿ultraderecha xenófoba, o simple supervivencia? Los organizadores y los colaboradores de la invasión islámica en marcha hacen todo cuanto están en su poder para criminalizar toda oposición, y aun toda opinión crítica, al fenómeno de la colonización de Europa y la sustitución étnica y racial de sus pueblos en beneficio de poblaciones extranjeras inintegrables y declaradamente enemigas de la Civilización Occidental.

Tratan por todos los medios de envilecer el discurso del bando patriota y demonizar a sus representantes más significados para poner fuera de la ley aquello que sólo es la reacción natural y sana de quienes ven sus vidas y el futuro de sus hijos amenazados por una marea demográfica hostil artificialmente trasladada a unos países que no la necesitan ni la pueden tolerar sin poner en riesgo su propia supervivencia. Los amos del juego planean aniquilarnos pero además pretenden hacerlo en medio del silencio de los corderos que quieren que seamos las víctimas de sus pervertidos planes. Ponen a todos sus peones a trabajar en la creación de un clima de terror intelectual y judicial para acallar las voces discordantes que lanzan la voz de alerta.

El dramatismo de la situación queda reflejado en las palabras de Wilders cuando afirma: “La inmigración musulmana es una invasión, un problema existencial que sustituirá a nuestra gente, eliminará nuestra cultura y pondrá fin a nuestra libertad. ¡Parádlo ahora!”. Se trata, pues, de una cuestión de vida o muerte, de la misma supervivencia de la nación y el pueblo holandés en particular y europeo en general Los holandeses no pueden permanecer sordos a las advertencias del más lúcido y valiente de sus compatriotas. “Menos islam y más Wilders“: ésta es la fórmula que puede llevar a Holanda a la liberación de las graves amenazas y terribles peligros a los que se enfrenta. Como dijo alguna vez el propio Wilders: “Son las doce menos cinco antes de la islamización completa de Europa“. No hay tiempo que perder.

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