París ataca la ola de suciedad del centro urbano, colapsado por la inmigración masiva, e instala maceteros en los que se puede orinar


París mantiene una lucha incesante contra la costumbre de algunos inmigrantes y refugiados de orinar en las calles y el consiguiente olor que impregna la ciudad del amor. Aunque hay desplegado un amplio personal de limpieza para eliminar el ácido, el repugnante aroma se mantiene. Contra esto, se ha puesto en marcha un proyecto piloto que busca reconvertir esta mala costumbre: el Uritrottoir.




Se trata de grandes urinarios ecológicos, decorados en su parte superior con flores y plantas. En su interior hay una cantidad de paja, serrín o virutas de madera que, al ser mezclada con la orina de los usuarios, se convierte en una especie de abono que posteriormente se utiliza para abonar plantas, parques y jardines.



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