Je suis Marine Le Pen


Por Yolanda Couceiro Morin | Publicado originalmente en RamblaLibre |

La candidata del Front National a las elecciones presidenciales francesas a celebrarse este año ha protagonizado un incidente muy comentado en estos días. En el transcurso de una visita oficial como dirigente de su partido al Líbano, donde ha ido a entrevistarse con distintas autoridades civiles y religiosas locales y acercarse a los cristianos de Oriente, Marine Le Pen ha demostrado de qué madera está hecha y ha aclarado su postura en un tema esencial, su actitud frente al islam, y más concrétamente frente las pretensiones de los miembros más radicales de esta religión/ideología de obtener de otros su sumisión.

Entre las personalidades locales con las que que tenía previsto entrevistarse Marine Le Pen se encontraba la mayor autoridad del islam sunita del Líbano, el Gran Mufti de Beirut, el jeque Abdelatif Derian. Una visita de cortesía que no ha podido llevarse a cabo, debido al intento de hacer caer a la Le Pen en una trampa poniéndola ante un hecho consumado. Según la candidata francesa, el día anterior a la convenida entrevista, ésta hizo saber que no se pondría un velo para la reunión. La cita no fue anulada y por lo tanto se supuso que se aceptaba el hecho anunciado por la dirigente gala. Pero ante las puertas de la oficina del Gran Mufti, se la ha ofrecido a Marine Le Pen un velo, peaje previo de último momento para poder presentarse ante el jeque conforme a la tradición más rigorista del islam.

Se trataba a todas luces de una encerrona. Todo estaba previsto para que Marine Le Pen apareciera como una horrible islamófoba en el caso de negarse a ponerse el velo, o pillarla desprevenida y que en esa embarazosa situación accediera a ponerse el dichoso trapo, para hacerla perder votos entre los patriotas franceses, decepcionados de su candidata. Marine Le Pen ha hecho lo mejor que podía hacer y lo único que correspondía. Además, está claro que la imposición del velo era aquí una “atención” especial reservada a la candidata del FN. El citado mufti se ha reunido en otras ocasiones con mujeres representantes de gobiernos occidentales sin velo, como por ejemplo con la viceministra polaca de Asuntos Exteriores, Joanna Wronecka, el año pasado.

La imagen de Marine Le Pen rechazando, con educación pero con firmeza, el velo que le ofrecían los miembros del protocolo del Gran Mufti de Beirut, nos llena de orgullo a las identitarias europeas, nos remonta la moral, nos insufla esperanza. Nos sentimos redimidas de tanta cobardía y bajeza, de tanta ruindad y traición entre los gobernantes indignos e incapaces que tenemos por regla general en Europa. Este gesto, de enorme trascendencia en la perspectiva de los hechos en curso y por venir, es un magnífico mensaje de libertad y de emancipación enviado a las mujeres de Europa y del mundo, un gesto de afirmación y de combate, una demostración de resistencia y de convicción ante las embestidas a las que nuestra civilización está sometida. Pero no han sido únicamente las mujeres las que hemos sido defendidas y reivindicadas en este gesto magnífico y valiente. Somos todos aquellos, hombres y mujeres, que aún creemos en los valores fundamentales de nuestro modo de vida, en nuestros derechos y en las libertades tan duramente conseguidas en siglos y siglos de luchas y penalidades.

A veces el mejor acto de afirmación consiste en decir !NO! Y este NO, cortés y mesurado, pero firme e imperturbable, ha sido oído por todos los ciudadanos libres que quieren seguir siendo dueños de su destino y que no van a amilanarse ante las luchas que se anuncian y que ya están en camino. Marine Le Pen no tiene nada de qué hablar con alguien que no quiere hacerlo más que desde la superioridad supuesta que le da su condición de hombre musulmán sobre una mujer, y además una mujer infiel. El Gran Mufti se ha quedado con las ganas y se ha tenido que tragar sus pretensiones de hacer pasar por el aro a la dirigente del FN. Como era de esperar, las críticas a Marine Le Pen han caído desde todas las direcciones. No vamos a perder el tiempo en esas miserias, éstas se comentan y se califican solas y retratan fielmente la catadura moral de todos estos cobardes, renegados y traidores que claman por la esclavitud y quisieran hacer extensiva su claudicación a toda la sociedad.

Pero posiblemente, para consolar al clérigo desairado, las “miembras” feministas del gobierno sueco, que recientemente han ido voluntariamente a Irán, no sólo a deshonrarse personalmente, sino a humillar a todas la mujeres suecas y a todo el país en definitiva, poniéndose el velo en señal de sumisión, le hagan una visita de urgencia para confortarlo. Podría decir, poniéndome filosófica, que los caminos de la defensa de la condición femenina son a veces inescrutables, por no ponerme borde y mandar a la mierda a estas miserables cómplices de la islamización de su país. Lo que si es seguro es que la defensa verdadera de los derechos de la mujer y por ende de la civilización que les garantiza lo que en otros lugares es todavía una aspiración, ha sido asumida y llevada a cabo en este caso por una mujer que no baja de “fascista” en la calificación de la prensa bienpensante y del rebaño que la sigue. Está claro que quien levanta la bandera de los derechos, la dignidad y la libertad de las mujeres, no son las hipócritas y despreciables feministas de cupo de gobiernos “progresistas” al estilo del de Suecia, u otras indignas autoridades de diverso signo de otras naciones, sino mujeres como la “ultraderechista” Marine Le Pen.

Libertad contra sumisión, independencia contra dhimmitud: las opciones son claras, la elección está planteada. Que cada cual tome sus responsabilidades y escoja lo que su corazón, su inteligencia o su instinto les dicte, o su honor, si lo tuviera, le exige. Hoy cualquier mujer decente en esta Europa tan menguada y renegada de sí misma debe tener clara consciencia de lo que está en juego. Por ello no dudo en proclamar alto y claro lo que hoy toca decir: JE SUIS MARINE LE PEN.

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