El “proyecto Boumedienne” o la conquista musulmana de Europa


Por Yolanda Couceiro Morín | Publicado originalmente en La Tribuna del País Vasco

Quizá la forma de empezar este artículo sería con un "érase una vez". Érase una vez un hombre que en 1974 hizo una predicción. Una predicción terrible, amenazadora. Seguro que ya la conocen muchos. Nuestros políticos no se lo han tomado en serio y han permitido una invasión masiva de inmigrantes musulmanes que, una vez en Europa, han comenzado a hacerla realidad.

Dije “predicción” y no “profecía” porque no son lo mismo. La predicción es una afirmación que se utiliza para reforzar una teoría de acuerdo a un proceso lógico. Es anunciar algo que va a suceder. La predicción es un método muy usado en ciencia, en base a una serie de datos se predice un resultado. Como por ejemplo, las previsiones demográficas. O las metereológicas. O las de tráfico. Todo ello son predicciones acordes a un razonamiento lógico. Hay muchos factores no controlables, claro, pero en general las predicciones se usan de modo continuo en diversas ciencias y campos.

La profecía en cambio no está ligada a un razonamiento ni a un proceso lógico. Su inspiración es de origen divino (supuesto o real, no es el caso discutir eso ahora). Por tanto, las profecías se cumplen, no cabe otra opción, ya que proceden de Dios. Al estar ligada a un origen divino, todas las religiones tienen profetas y profecías. Aunque el propio Jesús nos advirtió (Mt. 24) sobre los falsos profetas y los lobos vestidos como corderos, y como estamos avisados, nuestra obligación es ir alertando sobre esos falsos profetas.

Volviendo al tema anunciado al empezar estas líneas, decía que "érase una vez un hombre que hizo una predicción". El hombre se llamaba Boumedienne, y era el presidente de Argelia. Y ésta fue su predicción, que no profecía:

"Un día millones de hombres abandonarán el Hemisferio Sur para irrumpir en el Hemisferio Norte. Y no lo harán precisamente como amigos. Porque comparecerán para conquistarlo. Y lo conquistarán poblándolo con sus hijos. Será el vientre de nuestras mujeres el que nos dé la victoria". (Houari Boumedienne, en la ONU, 1974).

40 años después, parece que es evidente que tenía razón. Hasta el líder libio Gadafi habló del tema diciendo en diversas ocasiones. Una: "Hay signos de que Alá garantizará la victoria islámica sin espadas, sin pistolas, sin conquista. No necesitamos terroristas, ni suicidas. Los más de 50 millones de musulmanes que hay en Europa lo convertirán en un continente musulmán en pocas décadas".

Otra: "Las estadísticas sobre el número de musulmanes que viven en Europa son inexactas, el número de musulmanes es superior al indicado en las estadísticas oficiales. Afortunadamente, los musulmanes se multiplican y su número crece mucho más rápidamente que el de otras religiones… Es sin duda la prueba de que Alá quiere que los musulmanes sean más numerosos que los demás".

Y otra más: "Tenemos 50 millones de musulmanes en Europa y hay señales de que Dios proclamará el Islam en Europa sin armas ni conquistas. Con el paso de los años, los 50 millones de musulmanes que viven en Europa transformarán Europa y la convertirán en un continente islámico. Dios ha dispuesto que una nación islámica, Turquía, se sume ahora a la Unión Europea. Esos 50 millones de musulmanes se multiplicarán y habrá 100 millones de musulmanes en Europa. Las estadísticas muestran que hay miles de mezquitas en Europa. Tenemos miles de organizaciones y sociedades islámicas en Europa (…) Tengo aquí algunas estadísticas. Hoy hay en Europa 50 millones de musulmanes, 14 000 mezquitas y centros islámicos y 1500 sociedades y organizaciones islámicas. Con el paso del tiempo, estas cifras no harán sino aumentar, además de las cifras correspondientes a Bosnia, Turquía y Albania. Por consiguiente, las palabras que Dios proclamó en el Corán se están convirtiendo en una realidad: "Él es Quien ha mandado a su enviado con la dirección y con la religión verdadera para que prevalezca sobre toda otra religión, a despecho de los paganos".

Las palabras de Gadafi en realidad eran previsiones, que él considera profecías para darle así un "toque" de cumplimiento. Pero pese a ser un poco caótico en su exposición, el fondo vale: la reproducción inclina la balanza a favor de los musulmanes. Ya está pasando en muchos sitios de Europa. Y he hablado de ello en numerosas ocasiones.

Sin embargo, no es ese sólo el problema. Es cierto que la demografía inclina la balanza. Pero si Occidente no hubiera caído en el pozo negro del relativismo, no habría que preocuparse. Tendríamos las ideas claras, y sabríamos ir poniendo freno a las exigencias islámicas. Pero no. Lo terriblemente triste es que hay muchos problemas añadidos: el "todo vale" (que significa, a contrario, que "nada vale"), que incluye aceptar una cultura retrógrada, con leyes premedievales, que trata a las mujeres como a objetos; unos políticos vendidos y corruptos en su mayoría; una sociedad aborregada y aletargada que no para de hablar de integración y de diálogo con quienes vienen a arrebatarle su seguridad, su paz y el futuro de sus hijos y sus nietos; un montón de descerebrados de la tolerancia; legiones de subvencionados que, para seguir viviendo del cuento, no dudan en atacar las voces que se levantan contra la invasión. Así avanza esta ideología tan destructiva e intolerante.

Y eso nos lleva a concluir que el problema de fondo no es el islam. O mejor dicho, no es sólo el islam. El islam es una consecuencia del decaímiento de nuestras sociedades, es una enfermedad mortal que se ceba en un organismo débil y cansado, un virus que ha penetrado en un cuerpo enfermo y sin defensas.

El problema verdadero es la decadencia occidental, provocada por la renuncia a nuestros valores esenciales, culturales, religiosos, morales, que son los que dieron fundamento a Europa tal y como la conocimos. Los europeos que reniegan de sus tradiciones, de su cultura, de su fe, están contribuyendo a su aniquilación. Los pocos grupos identitarios que van surgiendo en seguida son tachados de nazis, xenófobos, racistas o cualquier otra estupidez similar. Por supuesto no porque lo sean, ya que la verdad no importa. Lo que importa es aniquilar la cultura europea. Como sea.

Pero el discurso falaz del "antirracismo" y el "antifascismo" terminará por ser ineficaz por el abuso deshonesto de que viene siendo objeto desde hace tiempo. El sistema de mentiras sobre el que se asienta el proyecto criminal de la destrucción de los pueblos europeos se está resquebrajando sobre sus cimientos podridos. La realidad termina por imponerse y la dictadura de lo políticamente correcto acabará por ser derrotada. Todo crimen se apoya en una mentira para mejor lograr su objetivo. La mentira ha sido desvelada. Queda ahora combatir el crimen.

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