Por Yolanda Couceiro Morín | 

Estos son algunas falsedades de la ideología dominante en las esferas políticas difundidas por los medios y redes del Sistema. Todas estas falsedades, que nos venden como dogmas, invierten la realidad, ya sea por ceguera ideológica o por simple negación de los hechos (incapacidad intelectual, pereza mental…). Esa ideología es hegemónica, se impone políticamente en los medios de comunicación, aunque no es compartida por la mayoría de la población (como lo demuestran las encuestas al respecto)

1- La integración de los inmigrantes fracasa por regla general (sobre todo con los musulmanes y los africanos, muchas veces también musulmanes) porque nuestra sociedad y sus valores están en quiebra. Falso. En realidad ocurre lo contrario: la inmigración masiva de gentes inintegrables agrede a la sociedad de tal manera que sus propios valores se derrumban ante este brutal y agresivo embate. El estado de nuestros valores no genera esa falta de integración, ciertamente no la facilita, pero no la provoca. No se puede integrar ni asimilar a las normas de un país a poblaciones cada vez mas numerosas y prolíficas, las cuales son mayoritariamente indiferentes y hostiles a los valores y a la identidad del país de acogida. Nuestros valores (sean cuales sean), y el estado en que se encuentran, no están realmente en la base de ese fracaso de la integración porque simplemente nuestros valores no les interesan a esos musulmanes y africanos (y a otros), más bien los rechazan y los combaten.

2- Europa no está amenazada por la inmigración, se enriquece con la nueva “diversidad”. La invasión es en realidad una oportunidad para solucionar los problemas de unas sociedades envejecidas necesitadas de aporte de “sangre joven”. Falso. En realidad, si nada cambia sustancialmente en los próximos años/décadas, Europa desaparecerá como unidad antropológica, política y cultural antes de finales de este siglo. Sólo se salvarán aquellos países (como Hungría, Polonia y algunos más) que, conscientes de los peligros de la inmigración descontrolada de pueblos mayormente de cultura islámica y africana, están cerrando a cal y canto sus fronteras. Europa no es un sistema político concreto, un ente desencarnado, ni siquiera una “idea”, sino una identidad histórica construída sobre la homogeneidad étnica de origen europea y no “cosmopolita”. Por otra parte no vemos cómo esa inmigración, producto de sociedades fracasadas y rotas nos pudieran enseñar a trabajar, a producir y a progresar, a generar libertad y prosperidad. Sus países de origen no son (en su inmensa mayoría, sino todos) ningún modelo en ese sentido, ni están en situación de darnos lecciones acerca de nada como no sea el desorden, la barbarie y la regresión en todos los terrenos.

3- Los inmigrantes son personas desfavorecidas, que viven en condiciones de marginalidad y son víctimas de discriminaciones diversas. Eso es completamente falso. Todos los días nos enteramos del sistemático trato de favor que reciben de las administraciones, de los beneficios que reciben por su condición de inmigrantes, de los privilegios de los que gozan frente a los nacionales de los países de acogida. La lluvia de subvenciones y ayudas de todo tipo que reciben los inmigrantes por regla general contrasta con la mezquindad con que se auxilia a los nacionales en muchas ocasiones. El Estado de bienestar es copado por esas poblaciones extranjeras que absorben más y más recursos económicos y humanos a medida que pasa el tiempo. Los inmigrantes no son parias sociales, por el contrario las administraciones los miman y hasta los ceban, con todo tipo de medidas de discriminación positiva y políticas preferenciales. La “exclusión” de esos grupos se debe al propio rechazo de los interesados de integrarse en las sociedades de acogida, escudándose en el supuesto racismo de los autóctonos para disimular su propio racismo contra los que los acojen. Son los nativos de las capas más modestas de la población local europea las que se ven relegadas y excluidas.

4- El islam laico, tolerante y democrático (y hasta feminista y “gayfriendly”, según los chiflados de Podemos y asimilados) es bienvenido entre nosotros. La “convivencia” es posible, deseable y hasta necesaria, si no imprescindible. Falso. El islam es fundamentalmente una religión/ideología teocrática, antidemocrática e intolerante. El islam y el islamismo es la misma cosa. El Corán no permite ninguna duda al respecto. El islam espiritualista (sufismo), no fanático, es algo minoritario y marginal. Nunca ha sido posible una convivencia pacífica y provechosa con el islam. Ante la duda, echad una ojeada a los libros de Historia y a la actualidad que nos traen las noticias diarias.

5- La islamofobia es un grave problema entre los europeos. Los musulmanes sufren discriminación en nuestros países. Falso. El islam goza de los favores de los poderes públicos. A menudo los musulmanes ni tienen que pedir para que se les dé. Nuestras autoridades se adelantan constantemente a sus reclamaciones y exigencias. El islam goza de favores y privilegios desorbitados en una Europa cristiana que ha sufrido a lo largo de su historia varios embates islámicos que han dejado regueros de sangre en distintos escenarios durante muchas generaciones (Península Ibérica, Balcanes, piratería berberisca en el Mediterráneo durante siglos…). Los actos “islamófobos” son insignificantes estadísticamente. Los actos hostiles y criminales en nombre del islam por el contrario son numerosos. La islamofobia no ha hecho hasta ahora ningún muerto, mientras que el islamismo comete atentados un día si y el otro también contra los europeos, con cientos de muertos y heridos año tras año. Pero el problema es la islamofobia, (consistente básicamente en comentarios en Facebook, tuits subidos de tono o algún artículo de opinión sobre el tema). La islamofilia es en realidad la política oficial de la ideología dominante de las élites, y eso a pesar de la creciente hostilidad y agresividad de las poblaciones musulmanas instaladas en suelo europeo y los actos terroristas que se multiplican.

6 – No hay que mezclar islam e islamismo, que supuestamente no tienen nada que ver el uno con el otro, y no “estigmatizar” el islam que, claro está, no tiene ninguna relación con los atentados terroristas. Falso. La sangrienta barbarie del autodenominado Estado Islámico, de Boko Haram, de Al-Qaeda, etc…, se lleva a cabo en nombre del islam, al igual que la inmensa mayoría de los atentados terroristas y las sanguinarias guerrillas en el mundo. La misma naturaleza del islam es la de mantener un doble discurso. El Corán predica una yihad violenta y sin piedad y preconiza la extensión en todas partes de un modelo sociopolítico totalitario.

7- El islam es integrable en nuestras sociedades europeas, sólo hace falta poner la voluntad y los medios (sobre todo los medios: es decir financiar nuestra propia invasión y colonización) para facilitar la integración sin traumas ni enfrentamientos de poblaciones extranjeras cada día más numerosas. Una completa locura. La realidad desmiente a diario esa quimera. La islamización de Europa se pretende llevar a cabo con la aquiescencia dócil de los europeos que han de pagar por su pérdida de libertades, su creciente sumisión y su esclavización futura. La compatibilidad del islam con Occidente es una de las mas grandes estafas y una de las más ridículas ilusiones y contradiciones de la ideología dominante, ese conglomerado islamoizquierdista que pretende llevar a cabo sus enloquecidas teorías a la práctica de la mano de los islamistas que hoy recitan el Corán y pronto cortarán cabezas en nuestras calles. Los lobbies proinmigracionistas (izquierdistas, feministas, LGTB, etc…) llorarán pronto lágrimas de sangre si la islamización sigue avanzando: la paridad hombre/mujer, la igualdad de los sexos, el matrimonio homosexual, los privilegios de las “nuevas sexualidades”, todo eso será proscrito y barrido, y de paso algunas gargantas serán cortadas de oreja a oreja por los barbudos enturbanados, hoy tan ardorosa como inconscientemente defendidos por la tropa “rosa”.


8- El Estado de bienestar europeo y su modelo social son igualitarios y abiertos a todos. Falso. El Estado de bienestar y su modelo social han sido pervertidos por la sistemática preferencia extranjera, la discriminación positiva hacia los inmigrantes a costa de los nacionales, es decir por una ideología racista anti europea mal disimulada. Cualquier “refugiado” recibe, apenas pisa suelo de cualquier país europeo, unas ayudas desorbitadas que se le niegan a los autóctonos en situación de necesidad. Los “refugiados” y demás ilegales son mejor tratados por nuestras autoridades que muchos nacionales de las capas modestas que han trabajado toda su vida y han aportado a la sociedad riqueza con sus actividades y sus impuestos. Todo lo que se le da a los inmigrantes sin que hayan aportado nada previamente sale del bolsillo de los trabajadores europeos. Bajo el dogma de la “solidaridad” y el “deber de acogida”, el Estado funciona sobre la discriminación y la explotación de los europeos en beneficio de los inmigrantes.

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