Occidente, aliado del integrismo islámico


Por Yolanda Couceiro Morin |

Cada vez está más claro que el mejor aliado del integrismo islámico es Occidente, un Occidente que lo cuida, lo mima, lo alimenta, lo financia, lo protege. Tanto dentro como fuera de sus fronteras.

¿Quién ha financiado las mezquitas integristas que pululan entre nosotros? ¿Quiénes sino los mejores aliados del islamismo, los gobiernos occidentales? Occidente sabe perfectamente lo que hace y por qué lo hace. El negocio es el negocio y hay que “hacer caja”.

Occidente ha “hecho la calle“, ha hecho de puta, se ha vendido, a trocitos: un club de fútbol por aquí, un puerto por allá, un palacio por aquí, un centro comercial por allá, un periódico por allí, una empresa por allá, edificios, tierras, negocios, instituciones, … Y también armas, muchas armas, aviones, cañones, misiles, corvetas… Por su cuenta y riesgo también se han vendido políticos, periodistas, “intelectuales”, artistas… Es otra cuestión, u otra faceta de la misma cuestión.

Si sólo fuera eso… Pero no. Mientras las mezquitas integristas pululan en su patio, mientras que esos centros de “paz y concordia” radicalizan a sus fieles a marchas forzadas y fabrican pacientemente pequeños soldados de Alá listos para el asesinato y el coche bomba, mientras los imanes importados y pagados por nosotros mismos aleccionaban a esa tropa en el odio a sus huéspedes, Occidente parte a la guerra contra los enemigos de sus aliados, sus extraños aliados, esos aliados que han financiado su “enemigo interior“. El caso sirio es el ejemplo más sangriento de esa aberrante elección occidental.

De esas guerras, Occidente no ha sacado nada positivo, ninguna ganancia. Peor aun: lo ha perdido todo. No ha hecho de esos países que ha destruido unos amigos. No ha logrado imponer su sistema de gobierno, ni su democracia tan cacareada, ni los valores sobre los cuales está construida y que pretende imponer al orbe entero. Con los resultados tan catastróficos que vemos tan a menudo.

Y mientras tanto ese mismo Occidente ha dejado crecer en su patio unos islotes, a veces barrios o ciudades enteras, donde la gangrena islamista se expande sin freno, donde los que lo odian han hecho su nido y prosperan como gusanos en un cadáver. Y que están listos para atacarnos desde el interior mismo de nuestra casa. Los gobiernos occidentales han propiciado la unión entre el enemigo exterior y el enemigo interior.

Occidente proclama que está en guerra contra el integrismo islámico, pero se pavonea del brazo de los terroristas que alimenta. El negocio es el negocio y hay que sacar dividendos, obtener beneficios. ¿Pero cómo se puede ganar una guerra si el enemigo declarado es en realidad una creación propia, un juguete rabioso que de tanto en tanto enloquece y muerde la mano que lo acaricia?

Si Occidente sigue por ese camino acabará explotando. Y no una vez cada dos o tres meses, sino a diario. Todos esos atentados y ataques de todo tipo que padecen las sociedades occidentales nos acercan cada día un poco más al caos definitivo y al conflicto sangriento. Europa de está convirtiendo en un mosaico de etnias y pueblos, los nativos y los importados, que malviven en medio de la desconfianza mutua y la hostilidad creciente. La Historia y la realidad nos ofrecen muchos ejemplos de sociedades divididas, partidas por líneas de fractura culturales, religiosas, raciales, etc… Los países de Oriente Próximo nos pueden muy bien servir de ejemplo de esas fracturas comunitarias. Nos estamos convirtiendo en un reflejo de esas sociedades en perpetuo conflicto con ellas mismas.

Para evitar eso, Occidente debe volver al principio elemental de una sola y única comunidad, la de sus ciudadanos. Una sola y única comunidad con los mismo derechos, las mismas obligaciones y las mismas oportunidades para todos.

Si Occidente no despierta de una vez, su futuro será como el de Oriente Próximo. Un Oriente Próximo que Occidente ha ayudado a destruir y desde donde hoy nos llegan los malos vientos de su autodestrucción.

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